viernes, 23 de marzo de 2012

  
Tres visiones de la Guerra del Pacífico



Un 5 de abril de hace 129 años Chile le declaró la guerra al Perú. Coincidiendo con esta fecha, el Instituto de Estudios Peruanos ha iniciado un curso de extensión denominado "Las visiones historiográficas de la Guerra del Pacífico" (Del 1 al 22 de abril). Conversamos con el coordinador del mismo, el historiador Antonio Zapata Velasco.

Por Jorge Paredes



LOS DISCURSOS CHILENO, BOLIVIANO Y PERUANO

Tres visiones de la Guerra del pacifico

Un 5 de abril de hace 129 años Chile le declaró la guerra al Perú. Coincidiendo con esta fecha, el Instituto de Estudios Peruanos ha iniciado un curso de extensión denominado "Las visiones historiográficas de la Guerra del Pacífico" (Del 1 al 22 de abril). Conversamos con el coordinador del mismo, el historiador Antonio Zapata Velasco.
Por Jorge Paredes
Este curso no es sobre la guerra con Chile, sino sobre la visión que los historiadores han construido sobre ella, ¿cuáles son los puntos más saltantes de esta historiografía y cómo esta ha influido en el Perú y en los otros dos pueblos?

-Las visiones historiográficas están en evolución, no son un producto acabado ni definido. Por el contrario, guardan relación con los cambios que se operan en los países y en el mundo presente. Cuando la guerra aún no había terminado ya estaban apareciendo los primeros libros sobre ella, tanto en Chile como en el Perú. En Chile Vicuña Mackenna escribe durante la guerra y en el Perú Mariano Felipe Paz Soldán publica un libro integral de tres volúmenes en 1881, el mismo año de la caída de Lima. Paz Soldán era un geógrafo, historiador y político, y después de la Batalla de San Juan de Miraflores se exilia en Argentina y en poquísimos meses publica los tres tomos. En este libro Chile aparece como un país ambicioso, agresor, que se había preparado con anticipación para la guerra; y los peruanos, por el contrario, somos definidos como un pueblo más bien ingenuo, americanista, solidario, partidario más de la defensa continental que de la defensa propia. Esa es la visión inicial y fue escrita en medio de los cañonazos. De ahí para acá se ha venido refinando la respuesta a la pregunta fundamental, que es la pregunta del vencido: ¿por qué perdimos la guerra? Es una pregunta de contenido dramático, que nos obliga a interrogarnos sobre nosotros mismos. Este tipo de reflexión aparece ya en el siglo XIX con Manuel González Prada.

Es poner a la guerra como un antes y un después en la historia del Perú, es criticar a la clase dominante de entonces, denunciar la postergación del indio, etc.

-Claro, es ponderar el nacionalismo de los indios. Este grupo que antes de la guerra aparecía como marginal, despreciado, a la hora de la verdad fue el único que defendió hasta el último la bandera del Perú. El combate por mar fue muy heroico pero duró seis meses, la campaña terrestre duró menos de un año, terminó en Miraflores en 1881. Desde ahí lo que viene es Cáceres y las guerrillas indígenas hasta la derrota en 1883, es decir duró el doble de las otras campañas. Al final de la guerra se revela que la nacionalidad reposa en los indios, algo que antes parecía mentira. En esta visión de González Prada, Chile sigue siendo percibido como el agresor que se apodera de nuestra riqueza y prolonga la imagen que teníamos de España. Por reflejo se extiende también nuestra visión de país víctima. Luego Jorge Basadre, en el siglo XX, pone el acento en un tema que actualmente es foco de gran atención: el salitre. Es decir, en qué medida las políticas peruanas de las décadas de 1870 enervan las relaciones en el sur al grado tal de hacer lógico el estallido. El gobierno peruano en esta década toma dos medidas, primero nacionaliza y después estatiza el salitre, que era explotado por empresas chilenas e inglesas. La pregunta es en qué medida estas iniciativas generaron un clima de conflicto, más aún si Chile había comprado dos barcos que rompían el equilibrio defensivo entre los dos países. Actualmente cada vez hay más estudios de detalle que ponen el acento en las responsabilidades propias.

Me contabas que sobre la Campaña de la Breña existe un interesante intercambio de ideas entre Nelson Manrique y Heraclio Bonilla.
-Es una polémica muy interesante. Heraclio pone el acento en la fragmentación del Perú durante la guerra y dice que por esta causa la Campaña de la Breña terminó siendo una guerra de indios contra blancos, sin importar ya si un grupo apoyaba o no a Chile. A esto Nelson Manrique hace una secuencia muy cuidadosa de la Campaña de la Breña y muestra que los indios se sublevan después de que los terratenientes colaboran con los chilenos y se ponen del lado de Iglesias contra Cáceres; o sea hay una lógica para la sublevación indígena, que no es tanto producto de la fragmentación del Perú, sino de la traición de los terratenientes a Cáceres.

¿Qué lecciones podemos sacar de estas visiones historiográficas, sobre todo para orientar nuestras relaciones con Chile?

-En primer lugar es extraño que entre el Perú, Bolivia y Chile sobrevivan tantos rencores. Hace solo sesenta años Europa estuvo dividida en una guerra y ahora es una comunidad supranacional, Estados Unidos le quitó a México las dos terceras partes de su territorio y ese tema no prevalece en las relaciones entre estos dos países. En cambio entre Chile, Perú y Bolivia hay una sensibilidad muy grande. Una primera razón es que los problemas que arrancaron en ese momento no han terminado, Bolivia sigue reclamando una salida al mar, y cincuenta años después de terminada la guerra hubo una batalla muy dura por la recuperación de Tacna y Arica, todo esto ha ido creando un clima de animadversión que se perpetúa.

Lo que pienso es que Chile nunca dejará de ser un rival. Pero si tú tomas al rival por enemigo te equivocas, igual si lo tomas por amigo. Nuestras relaciones están en otro plano. Tenemos intereses divergentes e intereses comunes. Lo que tienes que hacer es desarrollar los intereses comunes para ir hacia la desintegración de los enconos. Es muy bueno para un país tener un rival con quien competir porque ese es su camino a la excelencia. Pongo un ejemplo, los chilenos sacaron Epopeya el año pasado y en el Perú protestamos porque solo ofrecía el punto de vista chileno, pero lo que debimos hacer no es protestar, sino realizar un documental mejor, una versión al cine de la guerra que sería un éxito tremendo. Si tomas la rivalidad para hacer obras mejores está bien, pero si prevalece el sentido negativo creo que nunca podremos tener una visión equilibrada de las cosas.

Pero en Chile tampoco tienen una visión muy equilibrada de nosotros.

-En el siglo XIX ellos construyen una visión del Perú muy negativa. Ellos se ven como una nación industriosa, de gente laboriosa que ha sacado provecho de sus valles estrechos, en cambio el Perú es todo lo contrario. La opulenta Lima forjada con el trabajo de los indios, de los negros y de los chinos. Nos veían como una nación de ociosos, de gente que no explotaba sus recursos sino que los entregaba en concesión y vivía del presupuesto público. Esa es la visión con la que Chile entra a la guerra. Y luego hay una identificación del Perú y de Bolivia como bárbaros. Ellos serían Europa en América del Sur, mientras que bolivianos y peruanos serían los bárbaros indios incivilizados. Esta concepción de alguna manera sobrevive, pero en la historiografía chilena hay también trabajos últimos que tratan de redefinir esta visión, creando vínculos entre ambos países. Ahí está el libro Chile-Perú: lo que nos une, lo que nos separa, realizado por los historiadores de las dos naciones.

¿Y cuál es la posición boliviana?

-Normalmente, en el Perú se dice que entramos a la guerra por culpa de Bolivia, para cumplir un tratado con ellos, y que después fuimos abandonados a nuestra suerte. En Bolivia se afirma lo opuesto. El trabajo más importante es del historiador Roberto Querejazu quien afirma que durante la guerra el ejército boliviano defendió con bravura el territorio peruano en la Batalla de Tacna y que por el contrario nunca el ejército peruano luchó en defensa del territorio boliviano. Otro joven historiador, Daniel Parodi, revela que entre 1881, 1882 y 1883 -durante la campaña de la Breña-, Bolivia entregó pertrechos, armas y dinero al Perú. También se critica que el Perú negoció la paz con Chile sin tomar en cuenta a Bolivia. Todo hubiera sido muy distinto si los tres países, Chile, Perú y Bolivia, se sentaban a firmar un tratado conjunto.

Este curso no es sobre la guerra con Chile, sino sobre la visión que los historiadores han construido sobre ella, ¿cuáles son los puntos más saltantes de esta historiografía y cómo esta ha influido en el Perú y en los otros dos pueblos?
-Las visiones historiográficas están en evolución, no son un producto acabado ni definido. Por el contrario, guardan relación con los cambios que se operan en los países y en el mundo presente. Cuando la guerra aún no había terminado ya estaban apareciendo los primeros libros sobre ella, tanto en Chile como en el Perú. En Chile Vicuña Mackenna escribe durante la guerra y en el Perú Mariano Felipe Paz Soldán publica un libro integral de tres volúmenes en 1881, el mismo año de la caída de Lima. Paz Soldán era un geógrafo, historiador y político, y después de la Batalla de San Juan de Miraflores se exilia en Argentina y en poquísimos meses publica los tres tomos. En este libro Chile aparece como un país ambicioso, agresor, que se había preparado con anticipación para la guerra; y los peruanos, por el contrario, somos definidos como un pueblo más bien ingenuo, americanista, solidario, partidario más de la defensa continental que de la defensa propia. Esa es la visión inicial y fue escrita en medio de los cañonazos. De ahí para acá se ha venido refinando la respuesta a la pregunta fundamental, que es la pregunta del vencido: ¿por qué perdimos la guerra? Es una pregunta de contenido dramático, que nos obliga a interrogarnos sobre nosotros mismos. Este tipo de reflexión aparece ya en el siglo XIX con Manuel González Prada.

Es poner a la guerra como un antes y un después en la historia del Perú, es criticar a la clase dominante de entonces, denunciar la postergación del indio, etc.
-Claro, es ponderar el nacionalismo de los indios. Este grupo que antes de la guerra aparecía como marginal, despreciado, a la hora de la verdad fue el único que defendió hasta el último la bandera del Perú. El combate por mar fue muy heroico pero duró seis meses, la campaña terrestre duró menos de un año, terminó en Miraflores en 1881. Desde ahí lo que viene es Cáceres y las guerrillas indígenas hasta la derrota en 1883, es decir duró el doble de las otras campañas. Al final de la guerra se revela que la nacionalidad reposa en los indios, algo que antes parecía mentira. En esta visión de González Prada, Chile sigue siendo percibido como el agresor que se apodera de nuestra riqueza y prolonga la imagen que teníamos de España. Por reflejo se extiende también nuestra visión de país víctima. Luego Jorge Basadre, en el siglo XX, pone el acento en un tema que actualmente es foco de gran atención: el salitre. Es decir, en qué medida las políticas peruanas de las décadas de 1870 enervan las relaciones en el sur al grado tal de hacer lógico el estallido. El gobierno peruano en esta década toma dos medidas, primero nacionaliza y después estatiza el salitre, que era explotado por empresas chilenas e inglesas. La pregunta es en qué medida estas iniciativas generaron un clima de conflicto, más aún si Chile había comprado dos barcos que rompían el equilibrio defensivo entre los dos países. Actualmente cada vez hay más estudios de detalle que ponen el acento en las responsabilidades propias.

Me contabas que sobre la Campaña de la Breña existe un interesante intercambio de ideas entre Nelson Manrique y Heraclio Bonilla.
-Es una polémica muy interesante. Heraclio pone el acento en la fragmentación del Perú durante la guerra y dice que por esta causa la Campaña de la Breña terminó siendo una guerra de indios contra blancos, sin importar ya si un grupo apoyaba o no a Chile. A esto Nelson Manrique hace una secuencia muy cuidadosa de la Campaña de la Breña y muestra que los indios se sublevan después de que los terratenientes colaboran con los chilenos y se ponen del lado de Iglesias contra Cáceres; o sea hay una lógica para la sublevación indígena, que no es tanto producto de la fragmentación del Perú, sino de la traición de los terratenientes a Cáceres.

¿Que leciones podemos sacar de estas visiones historiografica sobre todo para orientas nuestras relaciones con chile?
-En primer lugar es extraño que entre el Perú, Bolivia y Chile sobrevivan tantos rencores. Hace solo sesenta años Europa estuvo dividida en una guerra y ahora es una comunidad supranacional, Estados Unidos le quitó a México las dos terceras partes de su territorio y ese tema no prevalece en las relaciones entre estos dos países. En cambio entre Chile, Perú y Bolivia hay una sensibilidad muy grande. Una primera razón es que los problemas que arrancaron en ese momento no han terminado, Bolivia sigue reclamando una salida al mar, y cincuenta años después de terminada la guerra hubo una batalla muy dura por la recuperación de Tacna y Arica, todo esto ha ido creando un clima de animadversión que se perpetúa.

Lo que pienso es que Chile nunca dejará de ser un rival. Pero si tú tomas al rival por enemigo te equivocas, igual si lo tomas por amigo. Nuestras relaciones están en otro plano. Tenemos intereses divergentes e intereses comunes. Lo que tienes que hacer es desarrollar los intereses comunes para ir hacia la desintegración de los enconos. Es muy bueno para un país tener un rival con quien competir porque ese es su camino a la excelencia. Pongo un ejemplo, los chilenos sacaron Epopeya el año pasado y en el Perú protestamos porque solo ofrecía el punto de vista chileno, pero lo que debimos hacer no es protestar, sino realizar un documental mejor, una versión al cine de la guerra que sería un éxito tremendo. Si tomas la rivalidad para hacer obras mejores está bien, pero si prevalece el sentido negativo creo que nunca podremos tener una visión equilibrada de las cosas.

Pero en Chile tampoco tienen una visión muy equilibrada de nosotros.
-En el siglo XIX ellos construyen una visión del Perú muy negativa. Ellos se ven como una nación industriosa, de gente laboriosa que ha sacado provecho de sus valles estrechos, en cambio el Perú es todo lo contrario. La opulenta Lima forjada con el trabajo de los indios, de los negros y de los chinos. Nos veían como una nación de ociosos, de gente que no explotaba sus recursos sino que los entregaba en concesión y vivía del presupuesto público. Esa es la visión con la que Chile entra a la guerra. Y luego hay una identificación del Perú y de Bolivia como bárbaros. Ellos serían Europa en América del Sur, mientras que bolivianos y peruanos serían los bárbaros indios incivilizados. Esta concepción de alguna manera sobrevive, pero en la historiografía chilena hay también trabajos últimos que tratan de redefinir esta visión, creando vínculos entre ambos países. Ahí está el libro Chile-Perú: lo que nos une, lo que nos separa, realizado por los historiadores de las dos naciones.

¿Y cuál es la posición boliviana?
-Normalmente, en el Perú se dice que entramos a la guerra por culpa de Bolivia, para cumplir un tratado con ellos, y que después fuimos abandonados a nuestra suerte. En Bolivia se afirma lo opuesto. El trabajo más importante es del historiador Roberto Querejazu quien afirma que durante la guerra el ejército boliviano defendió con bravura el territorio peruano en la Batalla de Tacna y que por el contrario nunca el ejército peruano luchó en defensa del territorio boliviano. Otro joven historiador, Daniel Parodi, revela que entre 1881, 1882 y 1883 -durante la campaña de la Breña-, Bolivia entregó pertrechos, armas y dinero al Perú. También se critica que el Perú negoció la paz con Chile sin tomar en cuenta a Bolivia. Todo hubiera sido muy distinto si los tres países, Chile, Perú y Bolivia, se sentaban a firmar un tratado conjunto.

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